¿Para qué sirve un "blog"? O una bitácora o un diario o como quiera llamársele. Para verter las reflexiones de uno, para desahogarse, para aprender de los errores. Pero, ¿para qué hacerlo público en la vasta red? Para exhibirse. Para hallar aprobación, apoyo, consejo en perfectos desconocidos cuando los conocidos se nos aparecen gastados, surcados por mil y una marcas familiares que minan su autoridad. Cuando reconoces a alguien por el ruido que hace al caminar, cuando sabes cuantas pecas tiene y donde, o que siempre aparta los guisantes de la paella y chupa las cabezas de las gambas, ese individuo queda desposeído de toda autoridad, de toda sabiduría y, por tanto, del derecho a aconsejarnos o reconfortarnos. Alguno puedo observar con acierto que un blog sirve para difundir, para dar a conocer aspectos de la cultura, de la ciencia, para educarnos, para deleitarnos, para mostrarnos pequeñas joyas esparcidas por el mundo a la alegría de las cuales no tendríamos acceso si un alma caritativa y desinteresada no las hubiera colgado en su blog. Bien. ¿Cuánta gente de verdad utiliza para eso un blog?
Como ser humano que ha ido a dar en el mundo occidental con acceso a las nuevas tecnologías y un tren de vida más o menos acomodado, tengo varios problemas. Dos de los principales son mi adicción intermitente a cualquier cosa con pantalla y mi incapacidad absoluta para controlar el flujo y temática de lo que circula entre mis sienes. Me canso de oírme pensar. Y me refugio en internet. Y de ahí no salgo, saltando de una a otra conducta autodestructiva (no porque su efecto sea lento deja de serlo). He tomado la determinación de ponerle remedio. Y en mi búsqueda histérica de placebos, he dado con los blogs. Tengo la intención de vomitar aquí mis inquietudes, des de qué color escojo para pintarme las uñas, hasta qué quiere decir Jean Luc Nancy con "sentido en la distancia". No quiero hacer el diario de una adolescente ni la pretenciosa página de una falsa hipster para sus amigos, recomendando música que no entiende y películas con las que se durmió. Solo quiero mirarme el ombligo, sea cual sea la forma que haya tomado; que lo escrito permanezca en algún sitio para revisitarlo y perseverar en mi actividad favorita (pensar en mí, hablar de mí y leer sobre mí); que quien quiera que esté suficientemente enfermo aburrido para leerme pueda decir lo que quiera al respecto (quien sabe si me cambia el humor al leerlo, para bien o para mal) o pueda sacar algo de provecho; y obtener una satisfacción vacua y efímera de la exhibición pública de mis pensamientos, dudas, anhelos y vergüenzas, así como la tranquilidad de ese vacío. Quiero sentirme como una niña hipotética en medio de un parque haciendo pompas de jabón (más bonitas o feas, más grandes o pequeñas, más o menos duraderas) bajo la mirada de los paseantes que participan de su felicidad y decepción alternativas, sin pedirle permiso y sin que a ella le importe lo más mínimo.
Este va a ser mi lugar para ensimismarme. Quienquiera que seas, no tengo nada mejor que ofrecerte que lo mejor y lo peor de mí según vaya saliendo. Te avisé.

M'has recordat a això. És un dels meus útems vital, així que ja entra a la nostra dinàmica.
ResponderEliminarhttp://www.youtube.com/watch?v=AlKqu_uHJTM
P.D.: Jo sóc la dels pèsols, a que sí?